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Los fascinantes cenotes

Los mayas fueron los primeros en llamar “ts'ono'ot” (cavernas de agua) a estas maravillosas formaciones naturales las cuales utilizaron para realizar sus ceremonias. De ahí proviene su nombre actual “cenote” al que podríamos definir como “una dolina inundada por agua de lluvia o ríos subterráneos, por lo general con forma circular y con paredes abruptas”. En la actualidad algunos se encuentran amenazados por la acción del hombre.



algunos se encuentran amenazados por la acción del hombre.
De acuerdo a su edad los cenotes adoptan un aspecto similar. Los mas antiguos los llamados a cielo abierto o semiabierto y los mas jóvenes, que aun conservan su cúpula son los llamados subterráneos o en gruta.

Como otras muchas estructuras geomorfológicas, los cenotes son estructuras transitorias, que finalmente pueden terminar rellenos y desecados, pasando a formar parte de lo que se conoce como un paleokarst.
Los cenotes tienen su origen durante el Pleistoceno, en las épocas de bajada del nivel del mar durante los pulsos glaciares. Por lo general son un ensanchamientos de redes fluviales subterráneas, y estas en ocasiones desembocan en el mar.

Agua de mar y de río se juntan en estas particulares formaciones por ello, hay cenotes en los que a partir de determinada profundidad el agua pasa de dulce a salada, incluso a muchos kilómetros de la costa. Este sector en donde se produce una intersección entre el agua dulce y la salada recibe el nombre de haloclina, y provoca interesantes efectos visuales.
En México se encuentran los cenotes mas hermosos del mundo, especialmente los que se encuentran en la península de Yucatán. Diferentes espeleólogos han demostrado que muchos de estos cenotes se encuentran interconectados y que juntos representan un sistema de “drenaje” acuático subterráneo. Existen cenotes en todo el mundo, pero se destacan también los ubicados en Australia, Rusia y Bahamas y Belice en donde se encuentra el famoso “Blue Hole o Gran agujero Azul”.





Los mayas utilizaban los cenotes para realizar ceremonias, y sus ceremonias en muchas oportunidades incluían sacrificios humanos. Es una leyenda que los mayas sacrificaran doncellas en los cenotes, lanzándolas a las aguas, ataviadas con finos ropajes y joyas. Expertos corroboraron a través de un proceso de análisis de los huesos (osteotafonómico), que la mayoría de los restos hallados por arqueólogos y buceadores pertenecían a niños menores de 11 años y a adultos varones.
Algunos cenotes poseen rica variedad en flora y fauna. En algunos casos criaturas que se encuentran en peligro de extinción como: el pez ciego de Yucatán (typhliasina pearsel), la damablanca ciega (ogilbia pearsei), la anguila ciega (ophisternop infernalis) y la anguila de lodo (ophisternon aenigmaticum) entre otras especies.

Lamentablemente en la actualidad algunos cenotes como el denominado "Pochote" cerca de la población de Dzitiá, cerca de la ciudad de Mérida, ha sido contaminado por filtraciones de aguas de desecho de una granja de cerdos, extinguiéndose su fauna y flora en su casi totalidad. El de la población de Hoctún ha sido muy contaminado con basura. De igual forma algunos han sido rellenados con escombros o convertidos en fosas sépticas, al introducirse agua entubada en algunos lugares.

Los cenotes constituyen uno de los rasgos más llamativos del paisaje de la península de Yucatán. En este extenso territorio caracterizado por la ausencia de las grandes corrientes superficiales que cruzan el resto de la zona maya, esos pozos naturales representan el abastecimiento principal de agua. Si bien no fueron el único factor en la distribución de las poblaciones mayas prehispánicas, no hay duda que su presencia contribuyó significativamente a su desarrollo, y de hecho grandes ciudades como Chichén Itzá sacaron provecho no sólo de sus condiciones naturales, sino de su carácter sagrado.
En la medida que son fuente del líquido vital, los cenotes han tenido un lugar especial en la vida ritual de los grupos mayas. En sus orillas se ubicaban templos en los que se realizaban ritos asociados a la lluvia y a la fertilidad, y a sus aguas sagradas se arrojaban diversos objetos –muchos de ellos ahora entre los mejores ejemplos de la habilidad artística de los antiguos mayas– y la máxima ofrenda que podía hacerse a los dioses: la vida humana. Hoy en día siguen siendo centros de veneración y culto, pues su don principal, el agua, es aún un elemento fundamental para la sobrevivencia de las comunidades que habitan la región.
Los cenotes siempre atrajeron la atención de viajeros e investigadores y algunos llegaron a realizar exploraciones en las que se localizó una gran cantidad de objetos de excelente manufactura, además de que se confirmó la importancia concedida a sus aguas como medio de comunicación con las divinidades. En las últimas décadas se han emprendido estudios en los que se utilizan métodos y técnicas acordes con la complejidad que implica la naturaleza de los cenotes. Se han realizado exploraciones subacuáticas que han arrojado un buen caudal de datos arqueológicos, se han llevado a cabo estudios geológicos que explican el proceso de formación de estos peculiares pozos, se ha analizado su relación con el desarrollo de las grandes ciudades de la región, entre otros aspectos. Del estado de esta novedosa visión global sobre los cenotes y su papel en la historia de los mayas del norte de la península de Yucatán damos cuenta en este número.



Fecha: 16/07/2010
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